jueves, 4 de noviembre de 2010

Contexto histórico


El obstáculo y la desgracia del desaliento y de las murmuraciones volvieron a surgir, esta vez en un momento muy inoportuno, puesto que el pueblo ya había comenzado la marcha. Había dejado el monte de Hor y estaban por rodear la tierra de Edom, no podemos definir si lo hacen por el oeste o por el este. El pueblo quedó desprovisto de agua y pan, y estaban hastiados del maná. Por hablar contra Dios y Moisés, los juicios de Dios cayeron sobre ellos a través de una plaga de serpientes cuyas mordeduras fueron fatales para buena parte del pueblo. Aun se conoce esta zona por la presencia de numerosos reptiles venenosos.


A través de esta plaga Dios estaba repitiendo la verdad inmutable y universal de que el pecado produce juicio sin importar la zona en donde se comete. La presencia de Dios con el pueblo no era licencia para cometer los antiguos pecados del desierto. Respondiendo a la confesión del pueblo atemorizado, y a la fiel intercesión de Moisés, Dios estableció una condición para la liberación del pueblo. Una serpiente de bronce, de aspecto ardiente, debía ser hecha y colocada sobre un poste. Si alguien era mordido por una serpiente viva debía mirar sin detenimiento la serpiente de bronce alzada.


Es un hecho sabido que en aquellas tierras, la mayoría, sino todas las religiones antiguas, sostenían que la serpiente poseía sanadores, y que en consecuencia, era digna de adoración. La serpiente de bronce que Moisés levantó por orden de Dios no era, ni en lo más mínimo, una alusión a esta práctica. El objeto escogido fue una estatua representando una serpiente, correspondiendo así a la plaga de las serpientes ponzoñosas que habían caído sobre el pueblo. Era una escultura fría, carente de vida, para representar lo que Dios podría hacer por los israelitas, es decir, tomar la mordedura ardiente y remediar la situación del envenenamiento. De hecho cuando los israelitas comenzaron a considerarlo como objeto de adoración, el rey Ezequías lo destruyó (2 Rey. 18:4).


De esta forma la plaga de las serpientes fue una nueva experiencia crítica para los israelitas al volver a tomar el rumbo a Canaán. La marcha habría podido terminar allí sino fuera por la gracia divina y la fe personal de cada individuo.

No hay comentarios: